El mejor regalo que le pude hacer a mi mujer fue un dildo de gran tamaño, desde que se lo regalé por su cumpleaños no deja de deitarme con increíbles anales por toda la casa, el último sobre la mesa del salón.

Yo fui corriendo a por la cámara digital que nos regaló mi suegra, y la grabé mientras saltaba y cabalgaba de gusto sobre la polla de plástico, entrando lentamente en su apretado culito mientras gemía de placer.












